
Sakura. Alta repostería japonesa es un espacio fresco, plácido, que incita a estar en calma, tomarse un café, ya sea capuccino, espresso, americano, moka, latte o de cualquier estilo que el comensal apetezca, y saborear uno de los fabulosos postres que ahí se ofrecen.
El “mochi” de fresa, por ejemplo, es rosa, como el color de los detalles y una de las paredes del local; tiene una cubierta suave, blanda, esponjosa y espolvoreada con harina de arroz; luego, en el centro, está cubierto por un jarabe casero de fresas y un poco de crema espesa, que provoca una sensación tersa, como si se desmigara una nube apetecible. También puede comerse helado. Su textura se endurece, pero la delicadeza de su centro (que puede ser de piña, fresa, melón o café)

Uno o dos años antes de que Sakura naciera, Linda Tsutsumi, la chef de estos postres, decidió irse a estudiar a Japón las técnicas de la alta repostería, y después, ya con los misterios (de los que habla Miller) resueltos y los productos adecuados, volvió a Playas de Tijuana para aplicar todos sus conocimientos en este delicioso lugar.
Su secreto reside en utilizar frutas en lugar de azúcar (cuestión que ya de entrada marca la diferencia en el sabor), y los demás ingredientes básicos para la preparación de postres son el arroz, el huevo, las moras, el mango, la fresa, el limón, el melón, chocolate, café, almendra, grenetina y todas las combinaciones de frutas.

Así el “choux”, otro de los dulces típicos de Japón, toma su consistencia esponjada y cremosa, pues está hecho con crema pastelera, pan y un batido de frutas, que se vuelve por demás agradable probar.
El mousse de limón con queso (ingrediente que generalmente no se utiliza en la comida japonesa) es otro de los postres que causa efectos positivos en quien lo consume, por su delicadeza y la forma en que se desvanece al comerlo, como una maiko (geisha que se especializaba en danzar) recorre cada punto del paladar y no permite escapar de su placentero sabor.
Baste decir que desde su inauguración en octubre de 2007, la variedad de postres se ha pensado y elaborado, de acuerdo a la época del año y a cómo van cambiando los antojos por la temporada o el clima.
Pero sin importar las estaciones, degustar los productos de Sakura, es como comer los pétalos de esa flor: se deshacen poco a poco en la boca, atemperados por la armonía y la dedicación de Tsutsumi, quien los prepara envuelta en el halo enigmático de la repostería oriental.
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